Desde hace diez mil años, los valles de Lambayeque y La Libertad son testigos de primera línea de la historia del Perú. Desde aquel primitivo hombre de las pampas de Paiján, que aprendió los rudimentos de la caza y la recolección, hasta la cúspide del desarrollo prehispánico, con la aparición de las culturas Mochica y Chimú, llegando hasta la revolución agroindustrial que hoy pinta de verde lo que antes era un desierto.

La llamada Ruta Moche, en medio de playas, excelente comida, gente amable como pocas y una naturaleza apabullante, nos brinda la oportunidad de adentrarnos en el devenir del hombre peruano. Allí tenemos a Sipán y las huacas del Sol y la Luna, El Brujo y la señora de Cao, amén de algunos de los mejores museos de esta parte del continente. Todo bien conectado y a tiro de piedra.

De sur a norte la ruta comienza en Trujillo, primera capital de la antigua cultura Mochica, que surgió en el 200 d.C. y se erigió como un poderoso señorío al mando de sacerdotes-guerreros que controlaban con mano férrea a una población dedicada a la agricultura y la pesca. Pero también a la orfebrería y la cerámica, disciplinas en las que alcanzaron las más notables cotas de perfección en el Perú prehispánico. Las Huacas del Sol y la Luna son el mejor testimonio de la grandeza que alcanzó este pueblo. En sus altas paredes se puede apreciar intrincados frisos que representan sacrificios a los dioses y una alucinante cosmovisión que tiene en Ai Apaec –el dios degollador– a su más alta expresión.

Cerca al mar y al antiguo pueblo pesquero de Huanchaco, a 10 minutos de la capital, se encuentra Chan Chan, la ciudad de barro más extensa del mundo. Antiguo corazón de los Chimú, fue un pueblo de notables artesanos que se inspiraron en el mar, pero también de recios guerreros que lograron enfrentarse a las huestes incas en el siglo XV y cuyo origen mítico se encuentra en las balsas de Tacaynamo, llegadas desde el mar lejano para fundar su imperio.

Con rumbo norte, la cita con la historia continua –también frente al mar– en la huaca El Brujo, de origen mochica, en donde apenas hace un lustro fue encontrada la Señora de Cao, la momia intacta de quien fuera una poderosa gobernanta. Sus restos bien conservados –posee unos enigmáticos tatuajes en los brazos– son hoy exhibidos en un moderno museo de sitio y constituye una de las paradas obligatorias del circuito. Frente al El Brujo se encuentra huaca Prieta, lugar donde se encontraron los restos de antiguos pescadores y una de las redes de pesca más antiguas del mundo.

Cruzando el desierto y ya en el departamento de Lambayeque, la ruta nos lleva a las extensas ruinas de Pakatnamú, al borde del río Jequetepeque, un antiguo centro administrativo mochica que a pesar de no estar puesto en valor, regala al viajero un testimonio del enorme poder de este señorío costeño, además de una hermosa vistas del valle vecino y sus verdes arrozales.

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